La escalera

La monitora de mi gimnasio me dijo una vez que la escalera no es tanto un ejercicio para coger fondo o esculpir el físico, sino una manera de cambiar nuestro cerebro. Me explico: nuestro cerebro está acostumbrado a reaccionar ante determinados movimientos de una manera concreta, pero eso se puede educar y cambiar.

La escalera no es otra cosa que un ejercicio de movimiento de pies para aumentar la coordinación y el equilibrio. Se trata de ir avanzando entre hueco y hueco de diferentes modos: saltando, a la pata coja, con la pierna izquierda, zigzagueando… La finalidad a menudo es tener una salida más rápida en deportes como el tenis, el pádel y el squash, en los cuales no sabes dónde va a caer la pelota. Y ahí estaba yo bajo las miradas confusas de algunos compañeros cachas que tachaban este ejercicio de ridículo.

 

El deporte, como muchas otras cosas en la vida, tiene muchas similitudes con el trabajo. Parece ser que nuestro cerebro está muy acostumbrado a hacer las cosas de una determinada forma, y nos cuesta salir de ahí sin un entrenamiento. Así pues sólo el esfuerzo nos permitirá reeducarnos y realizar ese cambio con el fin último de mejorar. El ejercitar otros modos de hacer, nos permite cambiar esos actos reflejos que teníamos al principio, para poder “salir más rápido” al siguiente desafío.

Al final, la escalera y otros ejercicios “ridículos” pueden parecerlo si los miras desde fuera y sin comprender qué hacemos y los objetivos que queremos conseguir; pero desde dentro y para uno mismo, de ridículos no tienen nada.

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