Sobre el anuncio de Pavofrío y otros ‘pavos’

Sobra decir que el anuncio de McCann es una gran pieza publicitaria a todos los niveles, tanto el puramente audiovisual como el publicitario. Campofrío debe estar frotándose las manos con toda la repercusión mediática que ha suscitado, para bien y para mal. Sí, también ha habido críticas negativas, y muchas.

Desde mi humilde opinión, creo que deberíamos dejar de ser tan estrictos o incluso tiquismiquis en algunos aspectos, y abstraernos un poco para poder ver la gran labor detrás de esta campaña, y ser capaces de alabar el esfuerzo y la idea de fondo de la pieza.

Por supuesto que la publicidad tiene la responsabilidad y la “obligación” moral y social de cuidarse de mostrar según qué cosas, en tanto en cuanto influyen y crean patrones de conducta en quienes lo recibimos, al igual que sucede con todo los medios de comunicación. Pero, he leído críticas que machacaban el anuncio por no reflejar más que una parte de la sociedad de clase media-alta, o por no tener mayor diversidad de razas y tipos y estilos de mujer. Coincido en que se podría mejorar, pero esto no es una pieza con un objetivo de responsabilidad social corporativa, si no un anuncio publicitario cuyo fin último es vender algo y en el cual la última palabra la tiene el cliente, y seguramente esa clase social y ese tipo de mujer está definido en su ‘target’: público al que va dirigido su producto.

Nos pasa a todos en todos los ámbitos laborales y empresariales que haríamos un trabajo de una manera, y cuando sale el producto final es una mezcla entre lo que el cliente o jefe quiere y lo que a nosotros nos hubiera gustado, o incluso lo que nuestros medios económicos nos dejar realizar. Un complicado punto de equilibrio, difícil de conseguir.

Volviendo a la pieza. Quizás no es perfecta, ni estrictamente acertada en todos y cada uno de sus puntos, pero bien es cierto que sin ponernos dramáticos, acierta en dar luz a un hecho real, social, como es el estrés que tienen las mujeres hoy en día, y la presión social que realmente existe sobre ellas. Esto es una cuestión real al margen de si esa presión o estrés viene generado por ellas mismas, por la sociedad o el sursuncorda, que diría mi madre.

Para mi esta campaña refleja una realidad, no como un  ‘todo’ cerrado y perfecto, no quiere decir que todas las mujeres sientan y padezcan exactamente eso, pero sí como una parte de la realidad que sí “sufre” aquello que en el anuncio se ve.

Y creo que no exagero si digo que más de una mujer al verlo habrá soltado un suspiro mientras dejaba caer su cuerpo tieso y tensionado, repantigándose en el sofá y pensando “Uf, ¡no soy la única! Tengo que relajarme un poquito más…”

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